Una reflexion de año nuevo

Como todos los primeros de enero, abro la puerta al tiempo de ajustar las agujetas en esta fría mañana. Me declaro listo para emprender la aventura de un año más por los caminos, es un momento en el que se presentan los recuerdos como visiones, como acordes musicales, como aromas. Todo esto proviene de los más de cien lugares del mundo que he recorrido a lo largo de tantos años.

He tenido de todo: largos trayectos en solitario o en grupo, cada cual con su encanto. He gozado vigorosamente algunos, he sufrido otros como penitencias. He vivido competencias, retos, soledades, instantes fugaces que conforman mi credo en la vida, a través del rito cotidiano de la “corrida” y el asombro que siempre entraña. Si, he vivido todo esto antes, en su lugar y en su momento, he paladeado con abundancia el triunfo sobre mi mismo y mis limitaciones, la lucha contra mis dragones supuestamente invencibles.

Y al presentarse los recuerdos suelo soñar, que a eso se reduce el pasado, mas los sueños, sueños son.

Ahora me traslado a este día, ya con los zapatos tenis bien abrochados, comienzo a mover el cuerpo, percibo el fluir de mis ríos interiores, la fuerza de mis carnes, los giros de las articulaciones, en una palabra: la necesidad de la batalla que reclama el cuerpo todo. Los sueños se diluyen y ahora sólo atiendo a mis piernas que concoen el ritmo, los musculos que cargan y descargan corrientes, la vista en el camino que está aguardando.

El presente es el único bien que poseo, con este poder supremo grabaré nuevos recurdos en la roca del diario existir, y ellos semejantes a resortes, me impulsrán hacia la construcción del futuro, un año más hacia la acostumbrada conquista del arcano.

León Granados .

Diciembre de 2007.