La imagen del fondista mexicano Carlos Cordero al festejar su llegada a la meta en el lugar 32 del maratón levantando un brazo y llevándose el otro a la cabeza emulando a Cuauhtémoc  Blanco, es un fiel reflejo de lo que significa ser deportista en este país: es un logro en sí mismo.

Cada cuatro años los mexicanos se llevan una decepción al ver el nombre de su país en las partes más bajas del medallero en os Juegos Olímpicos. Cada cuatro años la esperanza de podio se termina volviéndose una simple ilusión. Quienes si consiguen una presea son principalmente sorpresas, destellos de genialidad personal que nada reflejan el sistema del deporte mexicano. Y es que no existe una estructura que soporte y fomente las actividades deportivas en nuestro país. Los atletas están a expensas de un logro,  después del triunfo viene la recompensa. No es sino hasta que son triunfadores, que reciben apoyo económico por parte de las federaciones deportivas.

Escuchar nuestro himno nacional en un acto deportivo es algo que mueve a cualquier mexicano. Y es que son tan pocas las ocasiones en que uno de los nuestros gana el primer lugar de una competencia que cada vez que sucede, todos lo gritamos y lo festejamos como si fuera propio. Pero cuando es explotado por federativos y directivos que ven sus puestos más como una forma de control y poder que como una oportunidad de marcar una diferencia, se revela la palidez política y moral de la burocracia y la sociedad se enerva y se prepara para nuevas decepciones.

Hace casi 4 años lo ocurrido en el desfile de apertura donde federativos mexicanos dieron la prioridad a amigos y otras personas ajenas al deporte sobre verdaderos atletas para asistir a la inauguración es algo que da vergüenza.  Da vergüenza ver a la amiguita del fulano burócrata, amiguitos del zutanito de más arriba. Algo escandaloso.

No solo por el hecho de que dichas personas viajaron con recursos públicos, sino que jóvenes que han luchado todas sus carreras por acudir a la justa deportiva más importante del mundo fueron privados de un derecho legítimo que se ganaron a partir de su esfuerzo y sacrificio.

Este es un reflejo fiel de lo que sucede en las instituciones deportivas del país. Siempre hay conflictos de interés, corrupción, malos manejos.