Gracias te doy señor, por permitirme correr este maratón.

Te agradezco por esta vida que me has dado, por dejarme penetrar en este mundo maravilloso del correr.

Por que cada día, en mi entrenamiento, me abres los ojos, los oídos, los pulmones, el corazón, y le permites a mi alma y a mi cuerpo adentrarse en la naturaleza que has creado para que yo la disfrute.

Gracias te doy, Señor, por que en la deliciosa soledad de mi entrenamiento me permites acercarme a ti, al tratar de comprender mejor a mis semejantes y a mí mismo, abriendo mi alma y mi cuerpo a todas las criaturas que has creado.

Te doy gracias porque has permitido que supere hoy lo que fui ayer.

Gracias te doy por mi cansancio, mi sudor, mis privaciones, mi soledad y por la inmensa alegría que me invade tras mi diario entrenamiento.

Gracias te doy, Señor, porque en mi diario correr permites que mi familia, mis amigos, y todas las personas que encuentro en los caminos, me saluden y me animen.

Te agradezco también, Señor, por dejarme conocer este mundo de dicha que es el correr y compartir con tanta gente corredora entusiasta con la que nos identificamos.

Gracias te doy, Señor, por este nuevo día, por permitirme ver el sol, respirar el aire, sentir la lluvia; por mi vista, por mi salud, por mi familia, por mis alimentos, por mi trabajo, por mis amigos, por mi entrenamiento, por mi descanso y… te pido, Señor…

¡Ayúdame a terminar este maratón!