HOLA LES COMPARTO UN ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA DE CLUB DE CORREDORES NO. 74 Y QUE DA RESPUESTA A ESA GRAN PREGUNTA QUE LUEGO SUELEN HACERNOS ¿PARA QUE CORRER? ¿POR QUE CORRER?, YA QUE A LOS QUE NOS GUSTAN LAS CARRERAS SOLEMOS SER SUJETOS ANORMALES.

LA MISTICA DEL CORREDOR

Por Ricardo Cuéllar Santín

Con mucha frecuencia me ha tocado escuchar de quienes no gustan de correr como nosotros, expresiones como las siguientes: “están re locos”, “para que correr si en la esquina puedo tomar el pesero”, “¿a las seis de la mañana? ¿en domingo?, ni loco”, “¿en qué lugar llegaste?, ¿y para eso te esfuerzas tanto?”, “¿y aparte pagas por correr?” etc.

Y sí como tal vez nosotros no estaríamos de acuerdo con la forma de vida de quienes no gustan de correr, otras personas estarían en lo correcto al decir que existe cierta irracionalidad en lo que nos gusta.

Veámoslo así, ¿Qué sentido puede tener darle vueltas y vueltas a una pista, o ir de un lugar a otro, una y otra vez, a una velocidad que las más de las veces nos deja exhaustos y sin aliento, y luego descansar solo un poco para luego volver a hacer lo mismo, un día sí y el otro también? O ¿correr sin descanso durante una y hasta dos horas cuando el organismo dice: “ya párale”, y además por caminos agrestes en ocasiones solitarios, con frio o calor?

¿No parece esto una irracionalidad? Solo que, parafraseando a Galileo, de todos modos nos decimos: ¡y sin embargo nos gusta!, ¡y sin embargo seguimos haciéndolo!

Por qué correr

Quizás si escarbamos un poco podamos encontrar algunas respuestas a esta interesante pregunta. En especial, se me ocurre comenzar a cavar a lo que podríamos llamar la mística del corredor y probablemente a partir de allí, posteriormente, puedan ir aflorando otro tipo de respuestas al respecto, de las que todavía pudieran quedar flotando en el aire.

Con nosotros mismos

En estos tiempos modernos es muy rara la persona que suele pasar aunque sea un poco de tiempo consigo misma. Es decir, dedicarnos poco o nada a estar íntimamente con nosotros. Generalmente todo nuestro tiempo debemos dedicarlo a las labores cotidianas: levantarnos para ir a…, atender a los hijos, a la esposa, al marido, los requerimientos laborales, la economía, las noticias, el internet, el Face, el Twitter, la tv, la política y la religión, los amigos, las fiestas, los compromisos sociales, las dolencias y las enfermedades… el sobre peso… y eso nos impide otra vez el mismo cuento, poder estar con nosotros mismos.

Pero ¿qué pasa cuando nos levantamos temprano para acudir a una sesión larga de entrenamiento? Pues todas esas obligaciones, todo eso que nos preocupa puede dejarse por un rato en casa. Es entonces cuando, poco a poco, mientras pasan los kilómetros, recorremos paulatinamente justo esa esencia que tiene que ver con lo que “somos”, cuando podemos escaparnos de lo que “está afuera” y quedarnos “dentro de nosotros mismos”.

Corriendo es cuando libremente, sin prisas, idealizamos el mundo en el que queremos vivir, pero también cuando afloran nuestras debilidades y nos hacemos conscientes de ellas, aunque lo mismo suceda también con nuestras esperanzas. Mientras corremos podemos componer el mundo y sentirnos involucrados con nuestras aspiraciones, con nuestros puntos débiles y nuestras fortalezas. Y es que mientras corremos tal vez podamos conseguir que nada se interponga entre nosotros, lo que somos, lo que deseamos y estamos dispuestos a conseguir.

Conscientes o no de ello, cada vez que salimos a correr nos acercamos aunque sea un poquito a conocernos mas. Es entonces cuando podemos meditar sobre todo aquello “que somos” de hacer una especie de introspección que si sabemos aprovechar, puede llegar a mostrarnos nuestro verdadero yo y, por consiguiente, permitirnos un poco cada vez llegar al conocimiento de nuestra propia esencia como los seres que somos, como personas.