Les comparto un artículo publicado en una revista especializada de carreras, espero y les guste.

Ánimo corredor

“Aquel que tiene fe en los más grandioso, se convierte en los más grandioso” Los Vedas

Por el Dr. Bernardino Vargas

El ánimo proviene del alma, del espíritu mismo de cada quien y se gesta en la mente que es, a su vez: “la fuente Dinámica del éxito”

El corredor actual es “su propio héroe”

Decía Fray Gil de Asís (siglo XIII). “Bienaventurado aquel que invita a sus semejantes a correr, sin dejar él mismo de correr”. En nuestros días es lo que intenta la revolución de la carrera, que todos acaricien el triunfo y deseen seguir siendo triunfadores.  Participar en las carreras, por el simple hecho de hacerlo, ya es ganar.

Mejorar el rendimiento es ganar más y la única forma de perder es dejando de correr. Ni los gritos ni los aplausos de la muchedumbre en las calles nos conducen a la victoria. Es solo nuestra mente, nuestra alma y nuestro espíritu quienes nos llevan al triunfo. En una palabra es nuestro ánimo.

¿Qué es el ánimo?

El ánimo es una palabra que puede tener diversos significantes, pero no es más que una actitud de entusiasmo. Hay muchas definiciones e interpretaciones sobre este concepto.
Veamos algunas:

– Capacidad humana de experimentar emociones y afectos, y de comprender.

– Fuerza o energía para hacer, resolver o emprender algo.

– Disposición mental o psíquica de alguien.

– Se usa para infundir fuerza o energía a alguien para exhortarle a hacer algo difícil.

La inagotable fuente del poder interior

Tienes en tu interior una fuerza propulsora que se llama iniciativa. Esta facultad creadora es una chispa que deviene de tu súper fuerza interna e inagotable. Es lo que te da el poder de realizar algo superior y, en ocasiones algo que nadie hizo jamás. Lo que te impulsa a hacer las cosas de manera nueva. Hace posible lo que parecía imposible, mediante el mágico poder inventivo del espíritu.

Date cuenta de que tú eres un ser privilegiado y que cuentas conscientemente con tu Yo Superior en plenitud.

El corredor de maratón es un ser despiadado consigo mismo, es casi como un suicida: Va más allá del dolor, de la culpa y se auto desafía. En su delirante carrera llega a alcanzar un estado de flotación fuera de su cuerpo y del tiempo en una alucinante sensación de paz, alegría y emoción…

Todo ellos proviene de su inagotable Fuente de poder Interno, es decir de su propio ánimo.

El corredor debe gobernar sus hábitos

Quetzalcóatl se sentiría tranquilo si todos los corredores fueran análogos a los atletas toltecas: Sabios, serenos, bondadosos, disciplinados, estoicos, con total desapego a las cosas mundanas, en otras palabras: cada quien gobernándose a sí mismo.

Para los no corredores, el corredor parece algo extraño. El cuerpo flaco y azotado. Sus deseos sin satisfacer. Sus instintos negados. Sus gozos diferidos y sus emociones sujetas a la brutalidad de los entrenamientos. Y es que el corredor no está  hecho para las cosas desabridas de la vida.
Éste se rinde a sí mismo y, al hacerlo, se vuelve esclavo de su propia libertad, se entrega al instinto de su propia naturaleza.

Pero en esa esclavitud, el corredor no repudia su cuerpo, al contrario, lo adopta, lo cuida, lo protege. No lo maltrata, no lo avasalla. Lo mima, lo alimenta con los mejores nutrientes. También lo perfecciona, lo engrandece, lo sublima. No niega su parte biológica, su animalidad y se sintoniza con ella para extraerle al máximo la suprema divinidad atrapada en los instintos de su cuerpo.

Un corredor de verdad no puede ser inconstante. Ante todo, es un ser habitual. El hábito es un producto de la concentración mental. Para desarrollar un hábito sirve también el método de concentrarse en la dirección opuesta. Por ejemplo: cuando se cultiva el hábito de ser feliz en el presente, se descubre el verdadero sendero hacia el Supremo Creador. Muy pocas son las personas que viven en el presente, pues la mayoría
vive centrada en los pensamientos del pasado o del incierto futuro.

Dos fuerzas combaten incesantemente dentro de nosotros. Una nos urge a hacer lo que no debemos, otra nos presiona para que hagamos lo debido, aun cuando nos parezca difícil, la primera es la voz del mal y la segunda es la voz de Dios.

La mente, un campo unificado de fuerzas

Pensar, sentir y hacer son fuerzas dinámicas que constituyen el campo unificado de fuerzas de la mente: pensamiento, emociones y voluntad. Estos tres elementos son básicos ya que, además de mantener un modo de pensar positivo, son indispensables para lograr el éxito, la firmeza de las emociones y el poder abrazador de la voluntad constante.

La vida es una carrera, córrela y gánala. Sai Baba