Hasta ahora la globalización comercial, financiera y de los medios de comunicación ha hecho que las compañías norteamericanas de la industria de la información y del entertainment pasen a tener un papel crecientemente dominante en todos los países del mundo. La norteamericanización cultural va a suponer una amenaza para las culturas nacionales, regionales o locales del resto del mundo.

La primera advertencia que hay que hacer es que la cultura es un concepto que engloba muchos más elementos que el entertainment, y se usa el termino ingles ya que significa algo más que entretenimiento. La cultura consiste en lengua, ideas, valores, creencias, costumbres, códigos, instituciones, herramientas, técnicas, obras de arte, rituales, ceremonias, etc., Es indudable que la información y el entertainment pueden afectar o modificar algunos de los elementos fundamentales que componen una cultura determinada pero es muy difícil que la cultura pueda homogeneizarse totalmente como pretenden afirmar algunos cuando hablan de globalización cultural. Y si fuera, por lo menos en los países más desarrollados, el rechazo social seria tremendo. Como explica Daniel Bell (1977), “la cultura, para una sociedad, un grupo o una persona, es un proceso continuo de sustentación de una identidad mediante la coherencia lograda por un consistente punto de vista estético, una concepción moral del yo y un estilo de vida. La cultura pertenece por ende, al ámbito de la sensibilidad, de la emoción y de la índole moral y también al de la inteligencia, que trata de poner orden en esos sentimientos”. Es la sustentación de esa identidad, bien individual o colectiva, la que se intenta preservar a toda costa por todos aquellos que defienden sus culturas de la nueva avalancha mediática.

La imagen de un joven árabe en un bar norteamericano de El Cairo, bebiéndose un café, fumándose un cigarro, escuchando “rap” y mirando televisión, vestido con camiseta y pantalones vaqueros y zapatillas de deporte, puede parecer totalmente estadounidense y, sin embargo, si se le pregunta qué piensa de la cultura norteamericana su respuesta puede ir desde ser totalmente ajeno a ella a incluso ser hostil.

Como expresa Bernard Lewis (1995), “en los actuales tiempos modernos, los dos factores dominantes en la conciencia de la mayoría de los habitantes de Oriente Próximo han sido, primero, el impacto de Europa y luego el norteamericano, de una manera más estricto, cuando no fanático, no es una reacción a dichos impactos que se han considerado como una amenaza a su identidad? Esta es la postura de Samuel Huntington (1993) cuando estima que la principal fuente de conflicto en este nuevo mundo no es más general, y la transformación o dislocación que ambos impactos han traído consigo” ¿Hasta qué punto el resurgir del islamismo? fundamentalmente ideológica o económica, sino que el factor dominante es el cultural. Para Huntington, las guerras futuras se van a dar entre naciones y grupos de civilizaciones diferentes: la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú, la budista, etc., y sus disputas van a dominar la política mundial. Dice Huntington (1996) que nos creemos aquí, en Occidente, que el mundo está más influenciado por nuestra cultura de lo que realmente está. “Salvo una élite relativamente pequeña, el resto del mundo ignora u odia la cultura occidental”.

La realidad es que hoy casi todos somos capitalistas tras la desaparición del segundo mundo, el comunista y tras la apertura al proceso de globalización no solo de este mundo sino también de buena parte del tercer mundo. En principio, las posibilidades de proceso de conflictos ideológicos tenderán a ser menos importantes, lo que quiere decir que sean insignificantes como afirma Fukuyama (1992). La misma opinión sostiene Benjamín Barber (1995) cuando estima que los principales conflictos se van a dar entre los valores culturales locales o tribales (lo que él llama Jihad) y un mundo democrático y tecnológico, de valores accidentales (al que llama McWorld).

Hay otros que opinan lo mismo, como Francis Fukuyama (1992) que cree que el proceso globalizado y tecnológico va a tender a hacia una homogeneización cultural de todas las sociedades. Sin embargo, las fuerzas de la globalización no son eminentemente culturales sino económicas. El mercado mundial no es un concepto cultural sino económico, aunque eso sí, es percibido por muchos como una norteamericanización cultural del resto del mundo, porque piensan que los productos y servicios norteamericanos están dominando los gustos y preferencias de los consumidores de todo el orbe, haciendo que éstos se homogenicen bajo el patrón norteamericano.