De acuerdo con el DRAE, un mojigato o mojigata es aquel. “que afecta humildad o cobardía para lograr su intento en la ocasión; beato hazañero que hace escrúpulo de todo”. Esta palabra viene de mojo, “voz para llamar al gato”, y gato… O sea que es sospechosa. ¿Se ha dado cuenta? De alguien que es muy recatado y lo hace todo con recelo mejor habría que desconfiar.

María Moliner por su parte, dice que mojigato “se aplica a las personas que se escandalizan con excesiva facilidad por la inmoralidad de las cosas, que muestran recato, moralidad o virtud exagerados o afectados”, y para muestra pone algunos sinónimos como: Monjil, pazguato, pudibundo, remilgoso, timorato y mustio.

Mojigatas (os) conocemos todos y la verdad es que les huimos porque, además de ser moralistas con su propia conducta, lo son con la de los demás y siempre están diciendo cosas como: “¿ya viste que Fulanita…?” o “¿te has fijado que…?” ¡Qué cosa! Yo, por eso, a una mojigata (o) no la quiero tener cerca ni lejos. Y es que la que es mojigata (o), a diferencia de la disoluta (o), suele ser melindrosa y no se disuelve con la vida y sus placeres, sino que los rechaza y les hace el fuchi. Así que  a escoger, yo prefiero ser mil veces cómico, exótico, lángaro y disoluto que un mojigato, por aquello de que solo se vive una vez.