TODO TIENE QUE MORIR

Todo lo que dura tiene su fin. La durabilidad o la continuidad existen a partir del tiempo, y en cambio, la permanencia es intemporal. Nada permanece, todo tiene que cambiar, morir y acabar. El deseo de continuidad, de salvación y de eternidad, para después de la muerte, es ilusorio. Tenemos que morir y no nos percatamos de la muerte, pues la inconciencia será absoluta. Deseamos la continuación, pero la muerte no duele. Solamente nos atemoriza el hecho de no estar en el mundo. Pero no estábamos en el mundo antes de nacer, y por ende, no estábamos atemorizados. Por ello, para no temer a la muerte, es necesario vivir hoy en día con toda intensidad que sea posible.

LA BELLEZA CONSTITUYE SENSIBILIDAD Y LUCIDEZ

La verdadera belleza no es física, como supone la mayoría de la gente. Es el gozo de la contemplación de aquellos lugares, momentos o circunstancias en los que se manifiesta la fuerza de la vida. La creación, la ternura, la majestuosidad y el afecto. L a belleza no está pegada al rostro de alguien, es sensibilidad y lucidez. Se capta no solo por medio de los sentidos, sino también a través de la inteligencia, que sabe identificar la belleza de una acción, de un gesto, de una palabra, de las circunstancias y de los momentos. La belleza no tiene propietario, existe por sí misma y en todas partes. Cuando la mente queda en reposo, puede captar la belleza en todo esplendor.