Construido entre 1909 y 1910 como parte de una serie de obras públicas que el gobierno porfirista emprendió para conmemorar el centenario de la Independencia de México, el Manicomio General de la Castañeda tuvo un periodo de actividad, y en la década de los años sesenta fue demolido durante la conocida “Operación Castañeda”, en la que se realizó discretamente el traslado de casi 3 mil internos y pacientes a diferentes hospitales psiquiátricos.

 

Muy al estilo de Salpetrié de París, el recinto constaba de una serie de pabellones divididos por avenidas y hermosos jardines. La fachada del edificio principal se distinguía por 2 rampas y su majestuosa escalera central. Ahí se ubicaban la dirección, la biblioteca y el cuarto del médico de guardia. Era un palacio de grandes dimensiones, ubicado en la ex hacienda de La Castañeda, lugar donde ahora se encuentran las Torres de Mixcoac y las Lomas de Plateros.

 

Al ser demolido el Manicomio General, Arturo Quintana, compro la balaustrada y la fachada del recinto.  El arquitecto que contrato para recuperar estas áreas se quedaba noches enteras viendo la fachada. El método que siguió fue numerar las piezas, lo hizo piedra por piedra y de esa manera la reconstruyo impecablemente. Esta fachada ahora se encuentra en Amecameca en un lugar conocido como la Casa Grande que es propiedad de los Legionarios de Cristo.

 

Así como la fachada del Manicomio de la Castañeda, la suerte de sus internos y pacientes también fue fragmentada por el tiempo y por los estragos de sus propias enfermedades. Ahora, las diferentes piezas de su historia se hallan también numeradas y dispersas, constituyendo un gran archivo conocido como el Grupo Documental del Antiguo Manicomio General, hoy en día propiedad de la Secretaria de Salud, el cual posee alrededor de 60 mil expedientes clínicos, mil 620 legajos y 147 libros de registro que comprenden del año de 1910 a 1967.

 

Es importante otorgar un lugar en nuestra cultura a la experiencia particular de la locura. Existen vínculos muy estrechos entre locura y los procesos creativos de varios autores en el mundo. En el caso de México, hay algunos registros que datan del siglo XIX, como los de Manuel Acuña, Ignacio Manuel Altamirano y Juan de Dios Peza, entre otros escritores, quienes visitaban con frecuencia el hospital de mujeres locas, conocido entonces como La Canoa. Ahí platicaban con ellas y de esas conversaciones surgieron algunas creaciones como el poema Reír llorando, que es una descripción detallada de un cuadro grave de melancolía histórica:

Si se muere

Así se huye

Si solo abrojos, nuestra planta pisa,

Lanza a la faz la tempestad del alma,

Un relámpago triste: la sonrisa.

 

El carnaval del mundo engaña tanto,

Que las vidas son breves mascaradas;

Aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.

 

Otro referente para situar la locura en el campo de la cultura en México ocurre durante el informe emitido alrededor de 1909 por el general Porfirio Díaz, en el que hace alusión a la inauguración del manicomio diciendo que “la altura cultural de la Ciudad de México merecía un en breve”. La obra a que se refirió, era la del Manicomio General de la Castañeda, fue encabezada por el ingeniero Porfirio Díaz Hijo, y por Luis de León de la Barra, se realizó en tan solo 14 meses y tuvo un costo de un millón 783 mil 357 pesos.