Hablar de corredores es algo muy amplio y genérico. Todos sabemos que la carrera comprende un conjunto de pruebas atléticas y que, a su vez, se dividen en dos grupos: la pista y la ruta. En la primera se  desarrollan las pruebas de velocidad, así como las de medio fondo y fondo, mientras que en la segunda, solo las de fondo y gran fondo. El maratón, desde luego, es una carrera de gran fondo y es la que requiere mayor resistencia de entre todas las especialidades que componen el amplio mundo del atletismo.

Durante muchos años, el maratón fue una competencia exclusiva de los atletas profesionales y se consideraba que en ella solo podían participar los verdaderos súper hombres, aquellos que estaban especialmente dotados y dedicados exclusivamente a entrenarse para ello. Es a partir de 1896 cuando la extenuante prueba se incorpora a los Juegos Olímpicos, es decir en la primera versión del olimpismo moderno. Poco antes de iniciarse el siglo XX, en 1897 nace el clásico maratón de Boston, el más antiguo del mundo fuera de los juegos olímpicos.

Fue hasta la segunda mitad del siglo pasado que los conceptos fueron cambiando y que la humanidad descubrió que correr, sin parar, poco más de 42 kilómetros (o 26 millas) era posible  sin ser atleta olímpico o tener que estar dedicado exclusivamente al deporte. Entonces el mundo comenzó a entender que cualquier hombre podría correr un maratón, siempre y cuando cumpliera con una preparación adecuada. Sin embargo, se seguía pensando que la maratónica prueba era imposible en el caso de las mujeres.

Y es hasta hace menos de 40 años, con el surgimiento del famoso Maratón de Nueva York en 1970, cuando éste se convierte en una especialidad deportiva popular abierta para cualquier mortal. Es entonces cuando realmente nace lo que hoy conocemos como el maratonista recreativo.

Fue hasta la olimpiada de Los Ángeles en 1984 cuando se permite el primer maratón olímpico para damas, misma competencia que gana la norteamericana Joan Benoit con un tiempo de 2:24:52.

¿Qué es un maratonista recreativo?

El corredor del tipo recreativo es precisamente aquel atleta que acostumbra correr y lo hace como pasatiempo, a diferencia de los deportistas que lo están haciendo como un proyecto formal y que se dedican únicamente al atletismo. Pero eso no significa que el recreativo no sea un verdadero atleta, por supuesto que lo es. De hecho, es innegable que un maratonista recreativo es un corredor muy evolucionado, ya que para llegar al maratón hay que dedicarse mucho tiempo (generalmente años) y recorrer muchos kilómetros como corredor de distancias menores. Antes de convertirse en maratonista un corredor se debe pasar por las carreras de 5, 10 y 21 kilómetros.

Los atletas recreativos, o dicho de otra forma, los corredores aficionados son aquellos que conforman la gran mayoría en las carreras callejeras organizadas. Por lo general, en los maratones y carreras de calle, más de un 98 % de sus participantes son recreativos.

El corredor recreativo, a diferencia de los llamados elite o profesionales, participa por el placer de correr y no lo hace por dinero, su principal objetivo no es ganar el primer lugar general, pues está consciente de que no lo lograría. Sin embargo, si se fija una meta precisa como puede ser: hacer el trayecto en cierto tiempo, ganarle a alguien, romper su propia marca o simplemente terminar la competencia. Para este tipo de atleta, el conseguir cualquiera de dichos objetivos ya significa ganar.

Mientras un maratonista profesional está completamente dedicado al atletismo y ese es su modus vivendi, el recreativo es una persona cuya ocupación preponderante es cualquier otra y es corredor en sus tiempos libres. Es decir, puede ser un obrero, un médico o un abogado, un albañil o una costurera, un estudiante, un burócrata, un policía o un desempleado. Entre los maratonistas recreativos hay prácticamente de todo, lo único que tienen en común es que todos aman el correr.

Quizá una de las principales características del recreativo, es que es el único deportista que compite contra sí  mismo y que, si bien es competitivo, va tras su propia marca personal. Sus principales rivales son el cronometro y el agotamiento, mientras que sus armas más importantes son su disciplina para entrenarse así como su mentalidad, su constancia y su férrea voluntad de conquistar la inigualable sensación de grandeza y la satisfacción que solo se logra tras cruzar la meta situada exactamente a los 42 mil 195 metros de haber iniciado.

Por José Luis Flores S.