Por Rubén Romero.

Correr un maratón es un legítimo logro personal que pocos son capaces de alcanzar. El número de personas que han corrido un maratón es menor al uno por ciento de los habitantes de una ciudad.
Correr un maratón es algo tan sencillo como proponerse un objetivo y trabajar para alcanzarlo. Pero el problema viene después.

Quien ha corrido un maratón sabe que para hacerlo debe desarrollar su capacidad física hasta un cierto nivel que solo se alcanza entrenando.

Quien ha corrido un maratón sabe que esa capacidad no se compra, ni se renta ni se inyecta; sabe que se construye con esfuerzo y disciplina. Sabe que para lograrlo debe pagar su tributo al asfalto.

Por eso quien ha corrido un maratón tiene un motivo legítimo para sentirse realizado. Por eso guarda con interés la medalla que recibe al final del maratón; por lo que significa, porque es un reconocimiento ganado a ley.
La medalla es un testimonio a su esfuerzo, a su voluntad y a su capacidad de superación. Algo que se dice fácil, pero que no lo es.
El corredor sabe que las medallas no se compran, sabe que las medallas se ganan. Sabe que quien llega a la meta es un triunfador y la medalla es su trofeo.

Eso pone en perspectiva la decisión de que las medallas del Maratón Powerade Monterrey solo se entregarán a quienes se inscriban en el Maratón y completen el recorrido. Las medallas serán solo para corredores.

Por esta razón, las medallas del Maratón Powerade Monterrey reciben una muy especial atención, y destacan por su diseño y su calidad. Son verdaderas piezas de colección.

Si vas a participar en el Maratón recibirás una medalla que además de vistosa y estética, solo podrán lucir quienes corran completo el maratón. Solo la portarán quienes la ganen a ley.
Recuerde que correr es salud y algo más…, mejor calidad de vida.