POR JOSE RAMON FERNANDEZ GUTIERREZ DE QUEVEDO

Cartas oceánicas

Una forma habitual para arrepentirse como equipo, es sacar una playera “retro” poniendo en venta el abolengo. Apelar a la nostalgia en un Club, significa reconocer oficialmente que esta época no tiene gloria. Que el tiempo se acaba y con los escombros de aquellos años maravillosos, todavía se puede hacer caja. Un buen día, la mercadotecnia deportiva y sus deslumbrantes operadores dejarán de relucir; y entonces, el futbol se quedará solo. Encuerado en el estadio, sin fibras sintéticas, con la identidad descosida. Por mi raza hablará el pasado; es el mensaje que nos lanza un homenaje de Pumas sobre sí mismo durante una temporada sin vergüenza.

Nunca una camiseta antigua había sido tan solicitada. Detalle que denuncia el daño que causó el progreso. Un Puma descomunal zurcido a mano. Un dorsal inmenso que delataba la grandeza del delantero con manga larga. Así uniformaban los Pumas nuestros ideales; los que hicieron patria de la Ciudad Universitaria. Amaestrando al americanismo más obsceno, en la cultura deportiva de su campus santo. Qué desgracia, un equipo con semejante etiqueta cae en el error de moda. Entregándose a la necesidad del mercado, en lugar de fundar uno exclusivo. La vieja casaca de Universidad, quizá el último recurso que guardábamos para confirmar que los Pumas existieron, ahora también será pasteurizada.

Este equipo se volvió parte de la producción en línea del futbol mexicano. Donde camisetas van y vienen, pero todas son cortadas por la misma tijera. Así funciona esto, se trata de maquilar afición con la pasión descatalogada. De nada me sirve un solo partido contra este América, que disfraza su odioso pasado haciendo el Goya menos fiero. Yo no compro mis recuerdos. Soy Puma, pero no pendejo.